lunes, 1 de septiembre de 2014

Boxer



El Bóxer es la ruina de los psiquiatras, el perro sin problemas, el autentico antidepresivo. Y así es unánimemente reconocido, siendo utilizado con fines terapéuticos para personas con este tipo de problemas, o por la Fundación Purina, por ejemplo, en un programa de reinserción de presos puesto en marcha ya hace años en varios centros penitenciarios con excelentes resultados. Levantar el ánimo a personas privadas de su libertad no está al alcance de cualquiera. Lo de los niños ya es caso aparte, una pasión indisimulada y puesta en evidencia desmesuradamente por el Bóxer desde su más tierna infancia como cachorrito. Sin lugar a dudas, el binomio niño-perro alcanza una de sus máximas expresiones cuando hablamos de esta raza, otra cualidad que la convierte en ideal para la vida familiar.



La cabeza: la expresión de la raza


Un cráneo branquicéfalo, es decir, más ancho que largo, de ejes convergentes con el facial, donde se alojan unos ojos oscuros esfero-romboidales tremendamente expresivos y de mirada viva e inteligente, pero, sobre todo, sobre un hocico potente y cúbico de caña nasal corta, con cierre de mordida prognática y mentón marcado. Es, efectivamente, esa cabeza de perro chato la primera tarjeta de presentación del Bóxer ante unos nuevos conocidos y, por extensión, su rasgo más peculiar.


El porqué de esta característica fijada artificialmente a través de la selección en la cría debemos encontrarlo en los objetivos de funcionalidad deseados en los ancestros de la raza, todos ellos relacionados de alguna manera (perros de caza mayor, de agarre y de combate) con la necesidad de posee una presa fuerte y sostenida. De aquí viene ese ligero acortamiento de las mandíbulas y la introducción del prognatismo, para aumentar la fuerza de agarre y facilitar la respiración sin soltarla presa. Por todo ello, planteado desde una cierta prudencia y huida del hipertipismo, como demuestra su atlética construcción, que sugiere un ritmo de vida funcionalmente muy alejado del de otros braquicéfalos prognáticos tan ilustres como, por ejemplo, el Bulldog.


El hocico del Bóxer es cúbico y debe aparecer potente y poderosamente desarrollado. Para ello es preciso contar con un cráneo no demasiado ancho y con unas mejillas en las que los músculos del maxilar no resulten demasiado prominentes.




Dentadura



El cierre prognático de la mandíbula (es decir, con la mandíbula inferior por delante de la superior) y el mentón marcado bajo el labio superior, son imperativos básicos para una buena expresión de tipicidad. Ambas características van necesariamente asociadas a una cierta curvatura del maxilar inferior, que incide por el otro lado de manera proporcionalmente inversa a la anchura de dicho maxilar, a pesar de que es imperativo también que éste sea lo más ancho posible para contribuir al aspecto cúbico del hocico.


La longitud de dicho hocico ha de ser igual a la mitad de la longitud del cráneo, y la suma de ambas debe representar un tercio de la medida del perro a la cruz.


Debemos añadir también un cráneo ligeramente curvado, unas orejas implantadas altas y bien portadas y unos labios carnosos, en particular el superior, que debe cubrir siempre los incisivos inferiores y generar un bello dibujo de belfos ligeramente colgantes, nunca estirados.


La piel de la cabeza nunca ha de resultar sobrante, sin formar arrugas excesivas en la frente ni papada en el cuello.


Por si fuera poco, los ojos alcanzan una importancia primordial en la correcta expresión de tipicidad de la raza, que debe aparentar como si nos estuviera interrogando con la mirada. Son de inserción subfrontal y de forma esfero-romboidal, tamaño medio y oscuros, aunque brillantes y amigables, ni hundidos ni saltones. Constan de una membrana protectora que podemos apreciar con el ojo abierto con el borde inferior interno denominada tercer párpado, que debe presentar una coloración marrón oscura.


Su despigmentación, muy frecuente en ejemplares con manto marcado en blanco, constituye un defecto menor que no influye en la calificación recibida en las exposiciones de belleza, donde no pocos campeones poseen esta pequeña imperfección.


Por último, los ojos y el hocico deben hallarse rodeados de una máscara intensamente oscura, no demasiado alta ni sombría, y mucho menos pobre o débilmente pigmentada. Las particulares características del color de los ojos o la conformación de las dentaduras son analizadas en cuadros aparte.







Color de los ojos


Su construcción: una mecánica perfecta







ANGULACIONES Y APLOMOS CORRECTOS
PROPORCIONES IMPORTANTES













EJES FUNCIONALES




Su principal característica, la de hallarse inscrita en el cuadrado, no hace sino aumentar las exigencias de perfección al mínimo detalle para que el movimiento de esta raza concebida como un galopador de grandes distancias sobre terrenos irregulares resulte del todo funcional. De esta manera, el grado de sincronización requerido entre todos los segmentos de su anatomía resulta mucho mayor que el de otras razas construidas fuera del cuadrado, con más espacio disponible para imperfecciones a la hora de expresar su estructura mediante el movimiento. La maquinaria el Bóxer divide funcionalmente su anatomía: el tren posterior proporciona el empuje principal que impulsa al conjunto. La trasmisión de este empuje viene dada por el tronco, mientras que el tren anterior la amortigua y rentabiliza, además de colaborar también en el empuje y la guía.


La cabeza y el cuello dirigen y guardan el equilibrio del movimiento. Todo ello debe venir representado por una buena osamenta y una musculatura bien desarrollada, seca y claramente definida bajo el manto de la piel.


Radiografiando la estructura del Bóxer, podíamos observar que ese balance perfecto en el conjunto de su construcción se basa en la igualdad de medidas entre los seis diferentes segmentos que forman los ejes funcionales de sus trenes anterior y posterior. Dichas medidas no corresponden a la longitud exacta de los huesos, sino a las existentes entre los distintos puntos de flexión de las articulaciones. (ver figura Ejes funcionales). En el tren anterior encontramos un ángulo escapulo-humeral de 90 grados, formando otro de 45 con la horizontal. La corrección de esta angulación define la amplitud máxima de alcance para este tren anterior, ligeramente inferior a la altura de la cruz para un ejemplar bien construido.



El antebrazo es recto y perpendicular al suelo, siguiéndole un metacarpo corto y ligeramente inclinado, aunque casi recto, que termina Aunque para un galopador nato el pie de liebre y el metacarpo más inclinado aumentan e brazo de palanca y la velocidad debido a su mayor longitud, el metacarpo corto del Bóxer le proporciona un galope menos fatigoso, más adecuado para las grandes distancias que debe recorrer, aunque siempre presentando una pequeña inclinación que amortigüe la caída de cada impulsión del posterior.


El pie de gato, más pequeño, es también más adecuado para terrenos irregulares y, al igual que el metacarpo corto, menos propenso a fracturas y torceduras que el pie de liebre y el metacarpo largo de otros galopadores como los Lebreles.


El tronco consta de un tórax profundo (la mitad de la altura a la cruz) y de buena capacidad para albergar al corazón y los pulmones que corresponden a un atleta, sirviéndose para ello de un costillar bien arqueado, ni plano ni atonelado. El riñón es corto y potente, aunque conservando una cintura atlética, sin ofrecer por ello una línea inferior agalgada.


En cuanto a la línea superior, caracterizada por una cruz destacada, también cabe señalarse su particularidad debida a la ligerísima convexidad de su grupa y al salto relativamente marcado que su columna presenta entre las vértebras del dorso y las cervicales, en la zona de la cruz. La espalda recta de cuello a cola tan erróneamente idealizada, constituye una construcción absolutamente irracional, mucho menos resistente, sin contar con los desarreglos que puede provocar en el anterior, más sensible a las oscilaciones verticales producto del movimiento; es una estructura fuera de toda funcionalidad y que jamás encontraremos en un estado natural. Por supuesto que las líneas superiores ensilladas o encarpadas tampoco son deseables.


El potente tren posterior viene dado por un ángulo tibio metatarsiano (corvejón) de 140 grados, con una inclinación respecto al terreno de unos 30 grados en el eje de la tibia, y de unos 95 a 100 grados en el caso del metatarso.



En las exposiciones de belleza la espectacular y temperamental presentación estática del Bóxer puede disimular muchas de sus posibles imperfecciones estructurales, pero en el movimiento, donde debe expresar la funcionalidad de su construcción, ninguna de ellas pasará desapercibida para el ojo experto de un juez especialista.La posibilidad de acción del tren posterior viene dada por la distancia entre el punto de apoyo de un miembro flexionado con el pie situado directamente bajo la protuberancia de la cadera y el punto de apoyo de un miembro totalmente extendido, justo antes de que los pies se levanten.


El movimiento del Bóxer bien construido abarca mucho terreno en cada zancada y ofrece una línea superior impecablemente firme.


Visto desde delante y desde atrás, los miembros se desplazan sobre los ejes formados por los puntos de las articulaciones. A medida que la velocidad aumenta, los huesos se acercan al eje medio del cuerpo, con el fin de compensar los desplazamientos laterales producidos; a semejanza de lo que sucede cuando pedaleamos sobre una bicicleta y queremos aumentar la velocidad.

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